Geografía

La República de Iraq, la antigua Mesopotamia, ocupa una superficie de 169.236 metros cuadrados y limita con Kuwait y Arabia Saudí al sur, Jordania al oeste, Siria al noroeste, Turquía al norte e Irán al este. Cuenta con una pequeña franja costera en Umm Qasr en el Golfo Pérsico. La mayor parte del país es desierto, aunque el terreno bañado por los ríos Tigris y Éufrates es fértil y exuberante y quedan algunos terrenos pantanosos en el delta situado al sur, aunque muchos fueron drenados intencionadamente durante la década de 1990. El norte es montañoso, mientras que el centro y el sur son más llanos. Iraq dispone de importantes reservas de petróleo al norte y al sur del país, que según los cálculos serían las segundas en tamaño después de las de Arabia Saudí. Esas regiones son de mayoría kurda y chií, respectivamente, mientras que la mayoría de los suníes habitan en el centro de Iraq, donde no hay petróleo.

Pueblos

Lenguas principales: árabe, kurdo y turco.

Religiones principales: Duodecimanos (Izna Asharí) Islam chií y suní, Cristianismo (Iglesias oriental e uniata), fe yezidí,  fe sabiana.

Principales grupos minoritarios: chiíes duodecimanos (Izna Asharí) (60-65%), árabes suníes ( 20%, aunque los cálculos varían mucho y hay discrepancias), cristianos (3%); kurdos (15-20%); turcomanos (3%), caldeos (750.000); asirios (225.000); yezidíes (600.000), mandeos sabianos (5.000 - 7.000), failis (kurdos chiíes), shabaks (200.000), refugiados palestinos, (25.000), sarliya-kakaiya; baha'i.

[Fuentes: CIA World Factbook 2007 para los chiíes, kurdos y cristianos. Suníes (estimaciones basadas en informes de prensa de amplia difusión, aunque existen discrepancias). Comisión por la Libertad Religiosa Internacional de EE.UU. (USCIRF) 2007: yezidíes. Shabaks y mandeos sabianos. Informe de USCIRF 2006: caldeos, asirios; ACNUR 2006: palestinos] 

Iraq se compone de varios grupos étnicos y religiosos. Alrededor del 96 por ciento del país es musulmán. Esta abrumadora mayoría se divide en una gran mayoría árabe chií, una minoría árabe suní y una minoría étnica kurda que también es mayoritariamente suní. Se calcula que un 10 por ciento de la población no es árabe chií, árabe suní ni kurda suní, sino que está compuesta por shabaks, turcomanos y kurdos failis (chiíes), así como cristianos, mandeos-sabianos, yezidíes y baha'is. Entre las etnias shabak y turcomana hay creyentes chiíes y suníes.

De los 24.000-35.000 refugiados palestinos que había en Iraq cuando fue invadido en 2003, se calcula que quedan unos 20.000. Esta minoría predominantemente suní que gozaba del favor del régimen de Saddam Hussein, quien los consideraba peones políticos, se enfrenta ahora a represalias incluso por parte de los servicios de seguridad iraquíes.

Los seguidores de la fe baha'i en Iraq son el objetivo de extremistas islámicos porque no creen que Mahoma fuera el último profeta. Durante los últimos 30 años, los baha'i no han podido obtener los papeles de ciudadanía ni la documentación necesaria para viajar, por lo que tienen dificultades para salir del país. El Gobierno de Iraq confirmó el pasado mayo que se han restablecido los derechos de residencia y los documentos de identidad de la minoría baha'i. En principio esta decisión revoca los más de 30 años de denegación de la identidad de la comunidad baha'i en Iraq. MRG está ahora intentando averiguar si la decisión se está llevando a la práctica. La antigua comunidad judía de Iraq desapareció casi por completo a través de la emigración y sus 2.600 años de historia han tocado a su fin, ya que su población, que en un tiempo fue de 150.000 habitantes, había disminuido hasta contar con unos 20 en octubre de 2005, según la ONU.

Historia

Iraq se formó por la unión de las tres provincias otomanas de Basora, Bagdad y Mosul capturadas por Gran Bretaña durante el periodo de 1916 a 1918. En 1921 Gran Bretaña convirtió a Iraq en una monarquía bajo el rey Faisal, de la dinastía hachemita, recientemente expulsado de Siria. En aquel momento aún se estaba considerando la separación política del "Kurdistán Sur" (es decir, las zonas kurdas bajo control británico), pero Faisal estableció su inclusión como condición previa indispensable para aceptar la corona. Su motivo era bien sencillo: sin los kurdos de mayoría suní, los árabes suníes quedarían en minoría frente a los árabes chiíes. Su régimen y el de sus sucesores aseguraban el control suní y árabe. La monarquía permitió más representación de las comunidades que sus sucesores, pero siguió dependiendo de notables y jefes dominantes. El estado no favoreció lo suficiente la participación de las minorías. Las lealtades familiares, étnicas y confesionales seguían siendo lo más importante para el ciudadano iraquí medio, aunque el calvario de la Guerra irano-iraquí, 1980-1988, contribuyó más que ningún otro evento a que se fraguase la identidad nacional iraquí.

En 1950 la monarquía fue derrocada. Por un momento pareció posible construir una república basada en principios comunales e individuales igualitarios, pero el dirigente del golpe, el Brigadier Qasin, se volvió cada vez más desconfiado de que el poder estuviera en otras manos que no fueran las suyas. Tras ser derrocado en 1963, asumieron el control los baazistas y los nacionalistas árabes (ver Siria sobre los orígenes del Baaz), pero pronto éstos últimos fueron marginados. Sin embargo, en 1968 los baazistas expulsaron a los nacionalistas árabes y establecieron un estado unipartidista.

El nuevo vicepresidente, Saddam Hussein, se convirtió en el miembro más poderoso del régimen. Estableció un régimen de policía e informadores secretos tan extenso que los iraquíes de a pie no se atrevían a realizar ninguna crítica política, ni siquiera en privado. Tras derrotar a los kurdos en 1975, Saddam Hussein trató de destruir las cúpulas dirigentes del resto de grupos que pudieran suponer una amenaza para el régimen. Su régimen penetró en todas las formas de asociación económica y social para identificar y eliminar a todos aquellos que se opusieran al régimen totalitario que se estaba creando. Cuando Saddam Hussein asumió la presidencia en 1979 expulsó a cientos de antiguos miembros de la administración, reduciendo el régimen a un pequeño grupo de familiares y amigos fieles de su ciudad natal de Tikrit. Los Baaz dejaron de ser importantes para el ejercicio del poder.

En 1980 Saddam Hussein emprendió una guerra a gran escala sobre Irán pensando que podría derrotarlo rápidamente. Pero Irán hizo retroceder pronto a las fuerzas iraquíes. Hussein utilizó armas químicas de forma manifiesta contra las fuerzas iraquíes y, en el genocidio denominado ‘campaña de Anfal' de finales de la década de 1980, también contra los kurdos iraquíes, que suponían una amenaza nacional para su régimen. Irán sólo accedió a un cese de las hostilidades en 1988 cuando el apoyo de Occidente a Iraq hizo imposible la victoria iraní. Dos años después Saddam Hussein invadió Kuwait y perdió los apoyos occidentales. Iraq fue sometido a un embargo comercial internacional. Ante su negativa a retirarse incondicionalmente, el ejército iraquí fue sacado de Kuwait por una fuerza de coalición internacional liderada por EE.UU. A mediados de los 90 Iraq seguía bajo el embargo a causa de su negativa a aplicar las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre las reservas de armas. A pesar del programa "Petróleo por Alimentos" de la ONU, el pueblo de Iraq sufría la escasez de alimentos y otros productos básicos esenciales y el país entró en bancarrota. Más tarde se descubrió que algunos funcionarios de la ONU y de gobiernos de otros países habían aceptado sobornos del gobierno iraquí a cambio de favores políticos y la desviación de fondos hacia el régimen de Saddam Hussein. No obstante, la zona kurda del norte de Iraq entró en un período de relativa calma y estabilidad económica bajo un gobierno autónomo, bastante protegida de los ataques del régimen por una zona de exclusión aérea, y destinó su parte de los fondos del programa "Petróleo por Alimentos" a un mejor fin.

Aunque en la Guerra del Golfo las fuerzas de coalición avanzaron hacia Bagdad y cabía la posibilidad de que entraran en la capital y derrocaran a Saddam Hussein, el presidente George Bush padre no siguió con este plan y ordenó la retirada. Sin embargo, antes de hacerlo, animó a los iraquíes a levantarse contra Hussein, con la promesa de que EE.UU. apoyaría sus campañas. Pero esto no se materializó y la consecuencia fueron pogromos y masacres contra los árabes de los pantanos y en gran parte grupos chiíes en el sur del país. Hussein organizó matanzas de iraquíes como represalia, una campaña de exterminación comparable en cierto modo con la campaña de Anfal contra los kurdos en el norte, cuando su ejército destruyó ciudades y poblaciones enteras. Occidente hizo la vista gorda a los pogromos, pero mantuvo estrictas sanciones económicas contra el régimen y ocasionalmente lanzó ofensivas militares contra el ejército de Hussein.

Pero en marzo de 2003, EE.UU.,apoyado por el Reino Unido y algunos aliados más, inició una invasión masiva de Iraq sin autorización de la ONU. La administración Bush vendió la guerra bajo el pretexto que luego demostró ser rotundamente falso de que Iraq tenía armas de destrucción masiva no sólo en la región sino también en Occidente, y que a través de su vínculo con al-Qaeda, Hussein tenía relación con los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington. Pronto se descubrió que los gobiernos de Bush y Blair habían manipulado informes de investigación escépticos sobre estos asuntos para apoyar la decisión política de iniciar una guerra para derrocar a Hussein.

Bagdad cayó rápidamente bajo las fuerzas invasoras, pero a medida que se derrumbaba la resistencia militar formal, nacía una insurgencia suní. Mientras tanto, la mayoría chií, que disfrutaba del poder por primera vez en la historia del país, formó sus propias organizaciones militares, algunas con estrechos vínculos con las nuevas estructuras de gobierno, y los kurdos se organizaron para mantener y expandir su control en el norte con su riqueza petrolera. Tras cuatro años de sangrienta lucha, cientos de miles de muertes (sobre todo de civiles iraquíes) y el desplazamiento de millones de personas, la situación es más inestable que antes de la invasión.

Gobierno

Tras la expulsión del gobierno de Saddam Hussein, una "Autoridad Provisional de la Coalición" (APC) controlada por EE.UU. asumió la responsabilidad de administrar el gobierno. La buena imagen conseguida por las potencias ocupantes con el derrocamiento de Hussein, al que odiaban los chiíes y los kurdos, se disipó rápidamente. Una cantidad insuficiente de tropas extranjeras se mantuvieron al margen mientras los edificios del gobierno eran saqueados por multitudes y se deterioraba el orden público. Grandes depósitos de municiones se dejaron sin vigilancia en todo el territorio de Iraq, incluso mientras el administrador de la APC, Paul Bremer, disolvía el ejército iraquí de mayoría suní, las fuerzas del Ministerio del Interior y la guardia presidencial en mayo de 2003. De la noche a la mañana, ese movimiento dejó sin empleo a 720.000 iraquíes armados en un momento en que los insurgentes suníes se estaban organizando para esquivar el dominio de la mayoría chií y contra la presencia extranjera que lo había creado. Los abusos de las fuerzas estadounidenses y otras fuerzas internacionales en Iraq, especialmente el empleo de la tortura y la humillación con los presos de la presión de Abu Ghraib, enfurecieron a los iraquíes e intensificó por igual la insurgencia suní y las milicias chiíes.

La APC fue reemplazada por un gobierno provisional iraquí establecido por EE.UU. cuando entró en vigor en junio de 2004 la Ley administración del estado de Iraq durante el período de transición de marzo de 2004. Los contingentes étnicos y sectarios utilizados para constituir el nuevo gobierno dejaron a los suníes con escasa representación. La mayoría de los suníes boicotearon las elecciones a la Asamblea Nacional en enero de 2005 y los chiíes y los kurdos quedaron al mando del nuevo Gobierno de Transición Iraquí bajo Iyad Allawe, chií, que sustituyó al gobierno provisional en mayo de 2005. Las fuerzas de seguridad del gobierno dominado por los chiíes respondieron a los ataques militares y atentados terroristas de los insurgentes suníes con brutalidad extrema contra las comunidades suníes. Las campañas mutuas de limpieza étnica contra las comunidades suníes y chiíes estaban en pleno apogeo.

El parlamento aprobó el borrador de una nueva constitución en agosto de 2005 que fue adoptada mediante referéndum popular en octubre del mismo año. Las elecciones de diciembre de 2005 para elegir el primer parlamento de mandato completo contaron con gran participación suní, aunque la campaña estuvo marcada por una continua violencia sectaria y étnica. La nueva Asamblea Nacional eligió al chií Nuri Kamal al-Maliki como primer ministro iraquí. (El presidente Jalal Talabani es kurdo y el vicepresidente Tariq al-Hashemi es suní.)

La nueva constitución definía el sistema de gobierno en Iraq como federal, con importantes implicaciones para las relaciones entre las mayorías y las minorías, en un momento en que la definición misma de "minoría" en Iraq estaba cambiando. En términos de marginación política, los kurdos y los árabes chiíes eran minorías en el Iraq baazista, pero ahora eran los árabes suníes los que temían ser marginados del poder.

El federalismo ha sido siempre el problema más espinoso del debate constitucional iraquí. Las cuestiones de los ingresos por petróleo y el federalismo están estrechamente vinculadas. La mayoría de los suníes viven en el centro de Iraq, pobre en petróleo, lo que da a esta comunidad un fuerte motivo para apoyar a un gobierno central y la máxima distribución de los ingresos por petróleo, especialmente si pueden restablecer su tradicional dominancia política. Los kurdos y los chiíes predominan en el norte y en el sur, respectivamente, que son regiones ricas en petróleo, y por tanto tienen motivos para oponerse a las instituciones centrales y a la distribución de ingresos con todas las regiones. Aunque en general los chiíes son mayoría numérica en el país y poseen nuevo acceso al poder político en el centro, entre ellos hay menos impulso para la autonomía regional. Mientras tanto los kurdos han sido los mayores y más insistentes defensores del federalismo, empeñados en mantener, e incluso aumentar, la autonomía de la que disfrutaron con la Ley de Transición bajo el Gobierno regional del Kurdistán.

La constitución establece que los recursos de gas y petróleo de Iraq pertenecen a toda la población y que serán administrados por las autoridades federales en cooperación con los gobiernos de las regiones y provincias productoras, y de manera que garantice el desarrollo equilibrado de todo el país. Sin embargo, a pesar de la presión estadounidense, el gobierno de al-Maliki ha sido incapaz de lograr el consenso en una ley crucial sobre el petróleo en el parlamento.

El artículo 4 de la Ley de transición estipula que "el sistema federal se basará en las realidades geográficas e históricas y la separación de poderes y no en el origen, la raza, la etnia, la nacionalidad o la confesión". Sin embargo, esta cláusula no figura en la constitución. En el Capítulo 4 se establecen los poderes de las autoridades federales, estipulando que la autoridad federal mantendrá la unidad de Iraq.

Los vecinos de Iraq se han interesado por la lucha de Iraq para comprometerse con el federalismo. Irán, de mayoría chií, y Arabia Saudí, de mayoría suní, han observado las tensiones entre chiíes y suníes con interés y preocupación, mientras que la autonomía kurda en Iraq afecta potencialmente a las relaciones de Turquía con su población kurda. En septiembre de 2005, el Ministro de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí expreso sus temores de que Iraq se dividiera, privara del derecho de voto a su población suní y arrastrara a los países limítrofes a un conflicto mayor.

Muchas ONG y medios de comunicación se han centrado en la cuestión de la protección de las minorías religiosas en el nuevo borrador de la constitución. El miedo era que la referencia al Islam como "la principal" fuente de legislación en lugar de "una" fuente de legislación junto con otras fuentes (como estipulaba la Ley de Transición) pusiera en compromiso los derechos de las minorías religiosas mediante la imposición de la Sharia o ley islámica. Sin embargo, la constitución volvió a la denominación del Islam como "fuente básica de legislación" en su Artículo 2. Las minorías religiosas temían también por la referencia de que en Iraq no se pudiera introducir ninguna ley que contradijera las normas del Islam, ya que podría ser utilizada para no respetar los derechos de las minorías y prohibir la conversión del Islam a otras religiones. También se podría interpretar que degrada los derechos de las mujeres, al igual que ocurre en otros países musulmanes, como Pakistán. La constitución mantiene que ninguna ley puede entrar en conflicto con las normas del Islam, pero tampoco con los principios de la democracia o de los derechos y libertades defendidos en la constitución. El Artículo 2 garantiza derechos religiosos para todos, a la vez que mantiene la identidad islámica de la mayoría y reconoce a Iraq como un país de varias religiones y etnias. Puesto que el Tribunal Federal Supremo iraquí se encarga de supervisar la constitucionalidad de toda la legislación, su misión es asegurar la defensa de los tres pilares (Islam, democracia y derechos). Lo ideal sería que esto produjera la consideración equilibrada de los tres criterios en toda legislación, aunque las normas jurídicas en sí mismas no podrán garantizar los derechos de las minorías en Iraq. Por ejemplo, la constitución prohíbe cualquier tipo de coerción en materia de pensamiento y religión, igual que hacía la Ley de Transición de Administración; sin embargo, esta cláusula ha sido inútil en vista del hecho de que decenas de miles de minorías han huido de Iraq desde marzo de 2003.

Los derechos de las mujeres son una cuestión de gran preocupación. En un ambiente en el que proliferan las milicias armadas y muchas de ellas propugnan interpretaciones estrictas del Islam chií o suní, muchas mujeres son obligadas a taparse, incluso aunque sean musulmanas no practicantes o cristianas. Muchas estudiantes cristianas abandonan la educación superior para escapar de las restrictivas prácticas que se les exigen.

Violencia sectaria

Los árabes chiíes y suníes que viven como minorías numéricas entre una mayoría de la otra comunidad se enfrentan a graves amenazas en todos los rincones del país y son objetivo de milicias ansiosas de poder y territorio o de castigar por los ataques del otro bando. La violencia sectaria ha sido especialmente intensa desde febrero de 2006, cuando militantes suníes bombardearon una de las más veneradas mezquitas chiíes en Samarra. Muchos de los chiíes en mayoría numérica quieren consolidar su control sobre el país, mientras que los suníes, de tradición dominante, temen que se les persiga como minoría. El ahorcamiento de Saddam Hussein en 2006 después de un juicio por crímenes de guerra considerado injusto por los defensores de los derechos humanos no consiguió terminar con esos miedos. En agosto de 2007 el principal bloque suní se retiró del gobierno del primer ministro Nouri al-Maliki y le acusó de sectarismo. En octubre, a pesar de la intensa presión internacional, el gobierno iraquí aún no había alcanzado un acuerdo sobre el reparto de los ingresos por petróleo en el país; los suníes, en su mayoría procedentes del centro del país, pobre en petróleo, temían los intentos de los chiíes y kurdos para mantener los ingresos en el sur y el norte, ricos en petróleo.

Las milicias chiíes radicales cuentan con partidarios manifiestos en el gobierno y se han infiltrado en la Policía Nacional iraquí y, en menor medida, en el Ejército iraquí; desde los servicios de seguridad y fuera de ellos, milicias y escuadrones de la muerte siguen atacando a civiles suníes. También la comunidad palestina de Iraq ha sido objeto de secuestros, tortura y asesinato por parte de los chiíes. Los palestinos son suníes, y bajo Saddam Hussein recibieron un trato privilegiado en el país. EE.UU. alega que Irán está proporcionando apoyo a algunos de los militantes. En el sur de Iraq, de mayoría chií, las milicias chiíes combaten entre sí por los recursos y el poder.

Muchos de los ataques suníes sobre chiíes han sido perpetrados por milicias extranjeras, incluida ‘Al Qaeda en Iraq', a menudo con coches bomba y atentados suicidas. En febrero, una bomba en un mercado chií en Bagdad mató a 137 personas; en abril cinco coches bomba contra chiíes en Bagdad mataron a 200 personas en un solo día. Como parte de una ofensiva anunciada durante el mes sagrado de Ramadán, los militantes suníes llevaron a cabo en septiembre una serie de atentados suicidas además de otros ataques. En 2007, el ejército de EE.UU. comenzó a armar y entrenar a grupos militares fieles a los líderes tribales tradicionales suníes, algunos de los cuales son hostiles a los militantes suníes extranjeros. Los líderes chiíes desconfían de la táctica y temen que el apoyo a la militarización suní pueda alentar los ataques sectarios a sus comunidades.

La permanente violencia sectaria ha continuado el proceso de segregación entre iraquíes chiíes y suníes. En 2007 el gobierno intervino para tratar de reforzar la práctica habitual de matrimonios de sectas mixtas en Iraq mediante la introducción de bonificaciones dinerarias para las parejas mixtas de recién casados chiíes y suníes. Al mismo tiempo, en Bagdad, los agentes inmobiliarios experimentaron un aumento repentino de intercambios de casas entre minorías chiíes y suníes en los barrios de Bagdad. A medida que aumentaba la segregación en la ciudad y el país, la vida para las restantes minorías sectarias era cada vez más peligrosa.

Las fuerzas internacionales, en su mayoría estadounidenses, se han mostrado reacias a actuar en nombre de grupos de minorías más pequeñas, especialmente teniendo en cuenta que la desesperación política por encontrar un camino en medio del atolladero en que está sumido Iraq ha supuesto cada vez más encontrar alojamiento entre los tres grupos dominantes, que son responsables de atacar a los grupos más pequeños. Además, las minorías más pequeñas no tienen milicias propias y dependen de la policía, que suele ser corrupta o incluso perpetradora de violencia étnica o sectaria.

Ataques a no musulmanes

Las minorías cristianas de Iraq, desde las antiguas comunidades de caldeo-asirios y cristianos ortodoxos siríaco-parlantes hasta los armenios que huyeron a Iraq del Imperio Otomano a principios del siglo XX, se encuentran gravemente amenazadas. En todo Iraq, extremistas islámicos chiíes y suníes han discriminado a familias cristianas y a menudo les han obligado a pagarles dinero por protegerlas. Cuando se les acaba el dinero, tienen que elegir entre convertirse, huir o morir. Entre los cristianos que se quedan, se obliga a las mujeres a llevar la abaya musulmana para taparse el cuerpo. El último vicario anglicano, un ciudadano británico, tuvo que huir de Iraq en julio de 2007 por amenazas de muerte. Declaró ante la US CIRF que en una sola semana en ese mismo mes de julio, 36 de sus fieles habían sido secuestrados.

2007 fue un año devastador para los yezidíes, de etnia y lengua kurda y adeptos a una religión pre-islámica de 4.000 años de edad. Por orden de una fatwa, una instrucción religiosa de un grupo militante suní llamado "Estado Islámico de Iraq", que pedía la muerte de los yezidíes, presuntos militantes suníes sacaron a 23 yezidíes de un autobús y los ejecutaron en abril de 2007. El mismo grupo de extremistas perpetró el atentado terrorista más devastador de la guerra de Iraq en agosto de 2007; cuatro camiones bomba mataron a casi 500 yezidíes en dos pueblos en las llanuras de Nínive a lo largo de la frontera siria. Esa zona es un territorio disputado por su importancia estratégica. Tras la ofensiva de EE.UU. contra los insurgentes suníes en el sur, las fuentes señalan que ‘Al Qaeda en Iraq' ha aumentado su presencia en esta región. Muchos yezidíes han abandonado el país y los que quedan tienen miedo de viajar fuera de sus comunidades. Los agricultores yezidíes no pueden ganar su sustento porque no pueden ir a los mercados a vender sus productos. En octubre el periódico New York Times informaba de que el miedo había hecho que los yezidíes dejaran de celebrar ceremonias religiosas.

Los mandeos sabianos, que profesan una antigua creencia gnóstica, se enfrentan a su extinción como pueblo. Desde 2003 alrededor del 80 por ciento de su población ha sido expulsada o asesinada. Según el testimonio del jefe de la Unión de Asociaciones Mandeas ante la US CIRF en Julio, sólo quedan 5.000 fieles en Iraq. A pesar de que la ley iraquí reconoce a los mandeos sabianos como pueblo al que proteger, los militantes islamistas han atacado a este grupo. Lo han tenido fácil porque las creencias de los mandeos les prohíben tratar de autodefenderse. Cientos de asesinatos, secuestros y actos de tortura han ido acompañados de acusaciones retóricas a los sabianos de brujería, impureza y adulterio sistemático. Las mujeres mandeas sabianas han sido objeto de violaciones y asesinatos por negarse a cubrirse la cabeza. En Bagdad, los orfebres, plateros y joyeros mandeos han sido objeto de robos y asesinatos en mayor medida que sus colegas musulmanes.

Las mujeres iraquíes tienen que soportar muchas vejaciones por discriminación de género. Un gran número de viudas tienen pocas posibilidades de conseguir dinero. El gobierno iraquí calcula que los matrimonios mixtos entre árabes chiíes y suníes suponen casi un tercio de todos los matrimonios en Iraq. Los militantes y las familias suníes y chiíes han provocado la ruptura de muchos de estos matrimonios, lanzando a más mujeres a la incertidumbre económica. Muchas mujeres en todo Iraq, un gran número de ellas no musulmanas, han denunciado numerosas amenazas de muerte por no cubrirse totalmente la cabeza y el cuerpo para cumplir con las enseñanzas islámicas estrictas. También han aumentado los secuestros, las violaciones y la esclavitud sexual de las mujeres.

Conflictos en el norte

Los kurdos del norte tienen un gobierno autónomo, con centros en Erbil y Suleimaniyyeh, y están elaborando una constitución local para las zonas kurdas. Las aspiraciones kurdas por un Kurdistán independiente son un tema tabú en Irán, Siria y Turquía, países con territorios colindantes de minorías kurdas que temen que éstas traten de adherirse al nuevo estado. A lo largo de 2007 aumentó la alarma en Turquía por los ataques a su territorio perpetrados por milicias del Partido Kurdo de los Trabajadores (PKK), que utilizan el norte de Iraq como refugio. En agosto, Turquía e Iraq firmaron un acuerdo para coordinar esfuerzos y combatir al PKK, pero en septiembre y octubre continuaron las incursiones transfronterizas del PKK. En noviembre Turquía desplazó a 100.000 soldados y armas pesadas a la frontera y la perspectiva de la participación turca en Iraq amenazó con enturbiar la relativa calma del norte, donde las pequeñas minorías son las que más han padecido la violencia que ha tenido lugar en esa región. A través de una intensa diplomacia de EE.UU. con Turquía y con la presión del gobierno kurdo iraquí para bloquear el apoyo al PKK se esperaba evitar dicha posibilidad.

La violencia entre kurdos y árabes aumentó a lo largo de 2007 a medida que se acercaba un criticado referéndum anunciado para finales de año sobre el futuro de la ciudad de Kirkuk, rica en petróleo. La constitución iraquí establece el referéndum para decidir si la provincia de Kirkuk pasará a formar parte de la región de Kurdistán. En abril el gobierno central aprobó un paquete de incentivos para que los árabes suníes establecidos a la fuerza en Kirkuk bajo el régimen de Saddam Hussein pudieran volver a su tierra natal en el sur. Según un ministro iraquí, en octubre cerca de 1.000 familias árabes suníes habían aceptado la ayuda de unos 15.000 dólares para abandonar su hogar en Kirkuk. Aún así, mientras los kurdos ven a Kirkuk como la capital del Kurdistán iraquí, muchos árabes y turcomanos se oponen a esta idea y las minorías más pequeñas, entre las que se encuentran los shabaks, los failis, los armenios y los caldeo-asirios, se encuentran atrapadas en el medio. Las fuerzas del Gobierno Regional Kurdo y las milicias kurdas han atacado a turcomanos y árabes, incluso mediante secuestros y torturas. Los militantes árabes suníes contrarios a la adhesión de Kirkuk a Kurdistán han lanzado ataques sobre objetivos kurdos con mayor frecuencia cada vez.

Los turcomanos consideran Kirkuk como un territorio histórico de su propiedad. Debido a su oposición a que los kurdos se hagan con el control de Kirkuk y la igualmente disputada ciudad petrolera de Mosul, Turquía ha proporcionado apoyo a las milicias turcomanas que se enfrentan a las fuerzas kurdas. Además de las luchas territoriales, los turcomanos han sido objeto de violencia por razones sectarias, donde las mujeres son especialmente vulnerables. En junio de 2007, cuatro soldados iraquíes chiíes fueron acusados de violar a una turcomana suní en Tel Afar, uno de los muchos incidentes de este tipo denunciados. En julio de 2007 un ataque en un mercado contra turcomanos chiíes mató entre 130 y 210 civiles, la mayoría mujeres y niños.

Los militantes kurdos también han perseguido a la pequeña minoría étnica shabaks; con el objetivo de ampliar sus exigencias territoriales en el gobierno norteño de Nínive, estos kurdos afirman que aunque los shabaks tienen una lengua distinta y reconocimiento como grupo étnico, son en realidad kurdos. Además, la mayoría de shabaks que son chiíes han sido objeto de violencia por parte de las milicias suníes. En julio de 2007 un miembro del parlamento shabak denunció que desde 2003 los militantes suníes habían matado a cerca de 1.000 shabaks y obligado a desplazarse de la zona de Mosul a otros 4.000.

Los failis, que son kurdos chiíes, también se enfrentan a amenazas por motivos sectarios. En julio de 2007 un camión bomba mató a 105 personas e hirió a otras 250 al explotar en una cafetería frecuentada por failis en la ciudad de Amirli. Los periodistas sospechan que el atentado tenía relación con el próximo referéndum sobre la autonomía kurda.

Sombrías perspectivas

A pesar de la elección de un parlamento y de la redacción de una constitución, la posibilidad de una guerra civil en toda regla entre las milicias chiíes y los insurgentes suníes que amenazaría la existencia de Iraq como país sigue siendo muy real. Un "contingente" de unos 28.000 soldados estadounidenses adicionales tenía como misión restablecer el orden en el país. Las disminuciones detectadas en los niveles de violencia en Bagdad a finales de 2007 ofrecían una posibilidad de esperanza, pero claramente el país tiene un largo camino que recorrer para salir del abismo posterior a la invasión. Y el éxito de la estrategia del contingente adicional de ningún modo está asegurado. La oposición a la guerra ha crecido drásticamente en EE.UU. y la administración Bush se enfrenta cada vez a más peticiones de reducción y retirada de las tropas. En octubre el gobierno británico anunció que retiraría 1.000 tropas, el 20 por ciento de sus fuerzas, de Iraq antes del fin de 2007.

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