La República Democrática del Congo (RDC) es un extenso país con una gran diversidad geográfica. Limita al sur con Angola y Zambia, por el este con Tanzania, Burundi, Ruanda y Uganda, por el norte con Sudán y la República Centroafricana y por el oeste con la República del Congo (Congo-Brazzaville). El país toma su nombre del Río Congo, en cuya desembocadura la RDC tiene una diminuta pero estratégica franja de costa. En la frontera este hay una cadena de lagos, donde se encuentra el Lago Tanganica. Estos lagos han sido el escenario de la guerra irregular probablemente más destructiva de las últimas generaciones. La mayor parte del país tiene clima y vegetación tropicales; las praderas del norte, las montañas del este y las secas mesetas del sur son las excepciones. La RDC posee una inmensa riqueza mineral que incluye cobre, oro, diamantes, coltan, cobalto y manganeso, pero estos recursos han resultado ser más una maldición que una bendición.
Lenguas principales: francés (oficial), lingala, kikongo, tshiluba, swahili
Religiones principales: cristianismo (principalmente catolicismo romano, aunque también comienza a extenderse el protestantismo evangélico en las áreas urbanas), kimbanguinismo, una creencia neocristiana muy personalizada frecuente en el suroeste; sistemas mágico-religiosos tradicionales e islam. Son comunes los solapamientos entre dos o más de estas prácticas.
Entre los cientos de grupos etnolingüísticos encontramos a kasaianos, banyarwandas, hundes, nyangas, nandes, bangalas, batwa y bambutis. (No se dispone de estadísticas fiables.)
En un país con 60 millones de habitantes que según los estudios pertenecen a unos 250 grupos étnicos y hablan hasta 700 lenguas y dialectos, las definiciones de las minorías son complejas incluso según los criterios de la región. La etnia, aunque es una poderosa fuerza movilizadora en la política, ha sido una categoría particularmente incierta y variable debido a que las aglomeraciones lingüísticas y regionales se han visto influenciadas por la religión, la clase y la educación. Las minorías más vulnerables no son necesariamente las más pequeñas o las más marginadas.
Desde muy pronto las zonas densamente arboladas han sido hogar de grupos organizados en comunidades de "pigmeos" cazadores y recolectores, un término general que engloba desde los batwas del extremo oriental hasta los agrupamientos bakas en la frontera con Congo-Brazzaville y la República Centroafricana. En los márgenes de los bosques y ríos, las comunidades agrícolas y pesqueras mostraban mucha más diferenciación social y económica. En el siglo XV ya habían surgido poderosos reinos en el sur y el oeste del país. El mayor de ellos era el Reino de Kongo, que se extendía en todas direcciones desde la desembocadura del Río Congo. Hacia finales del siglo XV llegaron exploradores portugueses, seguidos de misioneros. Poco después llegaron traficantes de esclavos, quienes hicieron prósperos negocios con el Reino de Kongo, que ya había aplicado previamente esta práctica en guerras de conquista locales. La conexión europea aceleró las redadas de esclavos y contribuyó a la importante despoblación del interior del continente.
En 1881 el rey Leopoldo II de Bélgica organizó una variedad única de colonialismo en lo que ahora es la RDC, erigiéndose a sí mismo en único propietario de todo el territorio y realizando prácticas de explotación tan brutales que provocaron, incluso entonces, una protesta internacional. Los congoleños eran hechos esclavos en masa para recoger caucho, marfil y otros recursos para el rey belga y sus concesionarios; las comunidades que no producían eran sometidas a brutales castigos colectivos, que incluían la amputación de manos y la ejecución. Se cree que el infernal régimen del "Estado Libre del Congo" causó la muerte a 10 millones de congoleños y quizá incluso hasta el triple de esa cifra. Desde 1908, en respuesta a la primera campaña internacional por los derechos humanos, Leopoldo II fue despojado del territorio, que pasó a convertirse en una colonia del estado belga, llamada el Congo belga.
Los cambios llegaron despacio y se mantuvieron los trabajos forzosos a pesar de estar formalmente prohibidos. El dominio belga se apoyó enormemente en las autoridades locales tradicionales, aunque con frecuencia esto supuso la ruptura de las relaciones políticas preexistentes, la creación y manipulación de caciques y el afianzamiento de las divisiones étnicas. Este proceso también se vio reforzado mediante un sistema educativo, puesto en práctica principalmente por la Iglesia católica y limitado casi por completo al nivel primario, que favoreció a ciertas regiones y sirvió para formalizar las divisiones lingüísticas. Desde la década de 1920 la resistencia se expresó principalmente a través de movimientos mesiánicos, sobre todo de kimbanguistas y testigos de Jehová, cuyos creyentes fueron perseguidos antes y después de la independencia. Este último grupo en particular siguió causando polémica en el centro político, Kinshasa (anteriormente conocida como Léopoldville).
A lo largo de las décadas de 1940 y 1950 el sentimiento pro independentista fue creciendo de forma constante. Los privilegios de los blancos y a las restricciones coloniales irritaban cada vez más a los congoleños y en enero de 1959 se produjeron disturbios multitudinarios en la capital, Léopoldville (la actual Kinshasa). Una profunda brecha dentro del movimiento independentista opuso a los defensores del federalismo contra los defensores de un estado unitario. Los federalistas argumentaban que con el tamaño y la diversidad del país sería imposible empeñarse en la unidad a corto plazo; los "unitaristas", inspirados por el panafricanismo, alegaban que los federalistas en realidad eran separatistas y sospechaban que no era casualidad que los defensores del federalismo en general procedieran de provincias ricas, especialmente de Katanga, abundantes en minerales.
La oposición belga al nacionalismo unitarista radical del Movimiento Nacional Congoleño (MNC) de Patrice Lumumba fomentó la escalada de partidos regionales y étnicos durante la agitada transición hacia la independencia. Con la independencia del Congo en junio de 1960, el federalista Joseph Kasavubu se convirtió en presidente y Lumumba en primer ministro. Inmediatamente la provincia sureña de Katanga, que tenía fuertes vínculos económicos con la vecina Zambia desde hacía siglos, declaró su independencia. Comenzó un período prolongado de caos y guerra civil, en el que los factores étnicos y regionales ocuparon el primer plano. Lumumba fue detenido a finales de 1960 y ejecutado dos meses después con la connivencia de los espías de los servicios secretos belgas y estadounidenses: en plena Guerra Fría, Washington en particular era contrario al socialismo de Lumumba. La ONU envío fuerzas a Katanga y en 1963 el líder de Katanga, Moise Tschombe, revocó la secesión de la provincia; el presidente Kasavubu le nombró primer ministro el año siguiente.
En 1965 el general Joseph-Desiré Mobutu, apoyado por Occidente, llegó al poder mediante un golpe de estado. A pesar de que continuaban los movimientos de insurrección en Katanga y en la provincia nororiental de Orientale, Mobutu consiguió al principio una relativa estabilidad a través de la liquidación despiadada de la oposición y la concentración de poder en manos presidenciales. En 1971 cambió su nombre a Mobutu Sese Seko Kuku Ngbendu Wa Za Banga ("El guerrero todopoderoso que, a causa de su resistencia y voluntad inflexible de ganar, va de conquista en conquista dejando fuego tras de sí y surgiendo de la sangre y las cenizas de sus enemigos como el sol que conquista la noche"). También cambió el nombre del país por "Zaire" como parte de una campaña de autenticidad africana. Mobutu amplió el legado de Leopoldo y Bélgica, no tanto gobernando Zaire, sino saqueándolo para su propio poder y riqueza, a la vez que servía a redes paralelas de amparo y recompensa que constituían su propia concepción de la economía política africana.
La costosa derrota de Zaire junto a Estados Unidos y Sudáfrica en Angola in 1975, junto con el hundimiento económico a causa de la caída de los precios del cobre y las desastrosas políticas económicas provocó una sucesión de motines militares. Estalló una nueva rebelión en Shaba (el nombre de Mobutu para Katanga), que sólo fue sofocada con la ayuda de las tropas marroquíes y después francesas y belgas, a las que más tarde ayudaron considerables grupos de franceses y otros mercenarios reclutados de manera informal. Mobutu colocó a miembros de su propio grupo Ngbandi y a otros grupos relacionados (lingalas de la provincia de Equateur) en puestos de poder, especialmente dentro del elaborado aparato de seguridad. Una década después de su derrocamiento, muchas de estas personas, que con frecuencia actuaban con gran independencia económica, siguieron teniendo influencia en la "economía sumergida" de la política de poder congoleña.
La inestabilidad, el endeudamiento y el declive económico, en combinación con una fuerte corrupción y con constantes violaciones de los derechos humanos, continuaron durante la década de 1980 sin amenazar el apoyo de los partidarios externos de Mobutu hasta el final de la década y el término de la Guerra Fría. La presión externa provocó el establecimiento formal de una política multipartidista en 1990, pero los partidos políticos que surgieron (unos 230) eran poco más que corporaciones de parentesco, ansiosas por controlar elementos del decadente aparato de mecenazgo de Mobutu. El creciente descontento popular estalló en disturbios generalizados en muchas ciudades en 1991, seguidos de masacres a manos del ejército de estudiantes (cuya escala real aún muchos refutan) en Lubumbashi y de manifestantes en Kinshasa.
Tras el genocidio de 1994 en la vecina Ruanda, muchos perpetradores extremistas hutus se unieron a los cientos de miles de refugiados hutus que temían las revanchas en la zona oriental de Zaire. Desde allí los militantes, con el apoyo de Mobutu, lanzaron ataques sobre el nuevo gobierno ruandés, así como sobre los tutsis congoleños, los banyamulengues. En 1996 Ruanda y Uganda enviaron sus propias fuerzas a la zona oriental de Zaire. Utilizaron al veterano rebelde lumumbista Laurent Kabila, socio del revolucionario cubano Che Guevara, en un avance hacia el Oeste, hacia Kinshasa, ampliamente apoyado por fuerzas armadas de habla swahili, a menudo bajo su control sólo de forma nominal. En el transcurso, las fuerzas del gobierno ruandés y las fuerzas de Kabila mataron a miles de hutus, combatientes y no combatientes. Mientras tanto, en 1996, 50.000 personas se manifestaron en Kinshasa para protestar contra el dominio de Mobutu, un mes antes de que se anunciara que el dictador padecía cáncer de próstata. A principios de 1997, el presidente sudafricano Nelson Mandela y un enviado estadounidense celebraron una reunión entre Mobutu y Kabila e instaron a Mobutu a que dimitiera. Finalmente huyó del país cuando Kabila y sus aliados tomaron Kinshasa en mayo de 1997. Finalmente no tuvo lugar la vaticinada masacre de los habitantes de la capital. Sin embargo, incluso antes de que las fuerzas de Kabila llegaran a la capital, se habían firmado nuevos contratos entre Kabila y empresas mineras estadounidenses para la explotación de cobre y otros recursos. Las consecuencias negativas (jurídicas, económicas y militares) continúan en la actualidad.
Kabila renombró al país como República Democrática del Congo (RDC). Sin embargo, pronto rompió relaciones con Ruanda y Uganda y en 1998 estos países apoyaron a movimientos rebeldes para que volvieran a invadir a la RDC. Los rebeldes también contaban con el apoyo de la securocracia burundesa, por entonces dominada por los tutsis, mientras que el gobierno de Kabila tenía el de Angola, Zimbabue y Namibia, de las cuales al menos dos tenían ambiciones expansionistas económicas en los amplios recursos minerales de la RDC. En ese momento estaban directamente implicadas siete naciones y, puesto que sus variadas funciones a menudo eran recompensadas con concesiones de recursos naturales, estaban poco motivadas para retirarse. Había otros países implicados, desde Chad a Ucrania, a través del suministro de armamento, efectivos, y facilidades bancarias y de blanqueo de dinero. Los círculos mediáticos empezaron a referirse a la crisis de la RDC como la "Primera Guerra Mundial de África". Las luchas continuaron a pesar de un acuerdo de cese de las hostilidades en julio de 1999 y el despliegue de una misión de mantenimiento de la paz de la ONU (MONUC) en 2000 escasa de personal y con poca influencia. Un estudio del Comité de Rescate Internacional descubrió que entre 1998 y 2004 murieron, como consecuencia de la guerra en la RDC, casi cuatro millones de personas (el equivalente a toda la población de Irlanda).
Mediante una combinación de ideología neomaoísta, obstinado nacionalismo congoleño y falta de personal y recursos de fácil movilización, Laurent Kabila nunca consiguió imponer el orden en la región de Kinshasa, y menos en el resto del país y en sus relaciones con el resto del mundo. Rápidamente perdió simpatizantes en todo el mundo. Kabila fue asesinado en enero de 2001 por uno de sus propios guardaespaldas de habla swahili, originario de la zona oriental de la RDC, aunque no se sabe quién coordinó el asesinato. Su hijo Joseph Kabila asumió la presidencia entre frecuentes acusaciones por parte de los círculos de la oposición en Kinshasa de ser un adoptado ruandés e incluso un impostor. Bajo la presión internacional de 2002, en julio de 2003 Kabila entró en un gobierno de reparto de poderes con las facciones rebeldes y la sociedad civil. Al igual que su padre, el dominio de Joseph Kabila raramente llegó fuera de Kinshasa; en la mayor parte del país persistió un vacío de poder, especialmente en el este, que fue llenado por distintas facciones militares que competían entre sí y por unidades del ejército, totalmente desprovistas, que subsistían a base de robar y aterrorizar a la población local. El dominio del poder de Joseph Kabila era especialmente frágil porque creció en la provincia de Katanga, donde se habla swahili, y en Tanzania, y su dominio del lingala, hablado sobretodo en Kinshasa y en la parte oeste del país, no es fluido. Estalló la violencia en la provincia nororiental de Ituri a pesar del aumento de seguridad en Kinshasa y en el año 2003 intervinieron fuerzas de mantenimiento de la paz de la UE dirigidas por Francia para sofocar la violencia en Bunia, la capital de Ituri, y sus alrededores. En julio de 2003 y en octubre de 2004 el Consejo de Seguridad de la ONU dotó a MONUC con casi 17.000 efectivos y le encomendó la misión de proteger a los civiles 'bajo la inminente amenaza de la violencia'.
La Asamblea Nacional adoptó una nueva constitución en mayo de 2005. El documento limitaba el gobierno del presidente a un máximo de dos mandatos de cinco años cada uno, descentralizaba algunos poderes y en general debilitó al poder ejecutivo a favor del legislativo. Durante la guerra se había despertado un profundo odio contra el pueblo banyamulengue, en particular por las acusaciones demagógicas de que dicho grupo era "extranjero" (más concretamente, ruandés); la nueva constitución definía como ciudadanos a todos los grupos étnicos presentes durante la independencia en 1960, una definición que incluye a los banyamulengue.
En 2006 se celebraron las primeras elecciones libres en 40 años y las ganó el titular Joseph Kabila con un 58 por ciento de los votos, principalmente provenientes de la región oriental, de habla swahili, lo que despertó las dudas sobre su capacidad para superar la brecha con la zona occidental, de habla lingala. A pesar de los desafíos iniciales en los tribunales, su principal oponente Jean-Pierre Bemba, antiguo rebelde de la región de Equateur, indicó que aceptaba el resultado.
La Corte Penal Internacional (CPI) con sede en La Haya tiene jurisdicción sobre crímenes cometidos en la RDC desde el 1 de julio de 2002, después de que la RDC ratificara el Estatuto de Roma de la Corte el 11 de abril de 2002. El 19 de abril de 2004 el presidente de la RDC expuso la situación de los crímenes cometidos en la RDC al fiscal de la CPI. Como resultado, el líder de la milicia Thomas Lubanga fue entregado al tribunal de La Haya en marzo de 2006 y el 18 de octubre de 2007 la CPI acusó formalmente a Germain Katanga, uno de los líderes militares claves del FNI, de crímenes contra la humanidad, entre otros cargos, después de ser entregado por las autoridades congoleñas.
El año siguiente a la relativamente pacífica elección de Joseph Kabila como presidente, pocos de los problemas esenciales de la RDC mostraban señales de resolución. En Kinshasa y sus alrededores, la posibilidad de violentos disturbios sociales generalizados sigue estando presente, a pesar de los esfuerzos de la misión de mantenimiento de la paz de la ONU (MONUC) para reforzar las infraestructuras de seguridad. Sin embargo, lo peor de la continua crisis congoleña se encuentra en el este.
El factor clave sigue siendo las actuales crisis de las provincias de Kivu Katanga e Ituri. El aumento de violencia experimentado en Kivu Norte a mediados de 2007 ha sido el episodio más reciente de la continua lucha por los recursos y el control local entre las milicias de tutsis congoleños (conocidos como banyamulengues) y los hutus interahamwe de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), así como los grupos independientes de asalto, a menudo de bandos indeterminados, interesados en recursos materiales en lugar de ventajas políticas o estratégicas. El oficial del ejército renegado, General Laurent Nkunda, que se enfrentaba a una orden internacional de detención por crímenes de guerra desde 2005, había mantenido lo que describe como la defensa de los banyamulengues. El levantamiento Nkunda comenzó en serio en diciembre de 2006, provocando la fuga inmediata de unas 370.000 personas, ya que el conflicto rápidamente fue acaparado por cuatro fuerzas, entre el Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo de Nkunda, grupos del FDLR, unidades del ejército congoleño y las milicias Maï-Maï, leales sólo a sí mismas. Los intentos del ejército congoleño por vencer a Nkunda y sus fuerzas (estimadas entre 6.000 y 10.000 efectivos) demostraron ser inútiles. En septiembre de 2007, 170.000 civiles más habían huido de la contienda. Los funcionarios de la misión de la ONU en el Congo (MONUC) informaron del hallazgo de fosas comunes de civiles sin identificar en zonas anteriormente ocupadas por unidades de la Brigada Bravo de Nkunda. A finales de 2007 el líder de los rebeldes pedía negociaciones de paz, algo a lo que Kabila se había negado a considerar anteriormente, exigiendo en su lugar que Nkunda integrase sus fuerzas en el ejército nacional.
El problema de los tutsis banyamulengues viene de tiempo atrás en la RDC. Tiene su origen en la era colonial, cuando los tutsis congoleños del este fueron marginados bajo el antiguo jefe del estado congoleño, Mobutu Sese Seko. Aunque los banyamulengues estaban estrechamente asociados a su sucesor, Laurent Kabila, su relación se estropeó en el período de 1999 a 2001, que terminó con el asesinato de Kabila a manos de su propio guardaespaldas, de habla swahili. Esto provocó aún más ira popular en la capital, Kinshasa, y los banyamulengues fueron agresivamente tachados de "no congoleños" y de quinta columna efectiva para la vecina Ruanda, cuyo partido gobernante, el RPF, proviene de la minoría étnica tutsi. Muchos banyamulengue huyeron entonces de la capital por miedo a los ataques y buscaron refugio de nuevo en la región oriental.
Los acontecimientos de Congo Oriental de 2007 son una continuación de la perniciosa contienda étnica que provocó el genocidio de tutsis y hutus moderados en Ruanda in 1994. Además de las circunstancias inmediatas de Nkunda, sigue sin resolverse el problema de la inseguridad de la minoría banyamulengue en la República Democrática del Congo y la mejor forma de combatirla. Los propios banyamulengues no se ponen de acuerdo sobre la solución. Los más reconocidos pensadores políticos banyamulengues están a favor de una solución política negociada, pero desaprueban encarecidamente la falta de representación banyamulengue en el parlamento y el senado. Además, los prejuicios contra los intereses banyamulengues en Kinshasa permanecen enquistados, incluso dentro de la administración.
En 2007 en Ituri se avanzó bastante en la desmovilización, el desarme y la reinserción de seis milicias que habían surgido a raíz de los problemas étnicos desde 1999. Coordinada por las fuerzas armadas congoleñas y de la ONU, la iniciativa logró la adhesión al proceso de la última de las principales milicias que se habían resistido a ella, el Frente Nacionalista Integracionista (FNI) lendu. Se esperaba que muchos de los combatientes del FNI y otros combatientes desmovilizados se unieran a las fuerzas armadas. El conflicto de Ituri siempre ha tenido un complejo aspecto étnico, que se ha manifestado en el avivamiento del odio recíproco entre hemas y lendus desde 1999 en adelante, la participación de los caudillos locales y la interferencia de Ruanda y Uganda en la región. Sin embargo, al igual que en otros conflictos regionales similares ocurridos en la RDC durante la pasada década, la violencia no ha sido meramente identitaria. Como en todas partes, el control de los recursos ha sido el eje central del conflicto. El 18 de octubre de 2007, la Corte Penal Internacional acusó formalmente a Germain Katanga, uno de los dirigentes claves del FNI, de crímenes contra la humanidad, entre otros cargos, cuando fue entregado por las autoridades congoleñas.
Entre las minorías que sufren especialmente a causa del continuo conflicto en la zona oriental se encuentran los batwas/bambutis congoleños. En Kivu Sur, los continuos ataques de las fuerzas rebeldes ruandesas en la campiña que rodea a Bukavu afectan gravemente a las comunidades batwas/bambutis, entre otras. Son comunes los saqueos, las torturas y los asesinatos, y es especialmente alta la incidencia de violaciones y la violencia sexual extrema. En Kivu Norte, algunas comunidades batwas/bambutis fueron atrapadas por las grandes oleadas de desplazamientos causadas por la lucha continua entre las fuerzas leales a Nkunda, los Maï-Maï congoleños y las fuerzas armadas congoleñas. Más al norte, en Ituri, la situación en las áreas de población bambuti se calmó durante los años 2006-2007, aunque algunas partes del distrito están amenazadas por la presencia de feroces combatientes del FRPI que se han negado a unirse al programa de desmovilización. En toda la región, la situación de inseguridad agrava la pobreza y la marginación crónica experimentada por las comunidades batwas/bambutis.
El control de los recursos forestales sigue siendo de gran importancia para los batwas/bambutis. A finales de 2007, se filtró un informe del Panel de Inspección del Banco Mundial que decía que el banco había apoyado un proyecto de tala perjudicial para el medioambiente sin consultar a los batwas ni considerar los efectos en sus comunidades. Recientemente, una coalición de organizaciones basadas en los grupos de población de la selva ha presionado a la ONU contra lo que consideran una deficiente respuesta del gobierno a la desesperada situación de los pueblos selváticos. Tras la presentación del gobierno de su informe de Estado Parte al Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de la ONU en 2006, esta agrupación respondió en enero de 2007, informando de que los pueblos selváticos habían sido completamente excluidos del informe presentado por Kinshasa. En sus observaciones finales, publicadas en agosto de 2007, la ICERD (Convención Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial) recomendó a la RDC que tomase "medidas urgentes y adecuadas" para proteger los derechos territoriales de los batwas. También instó a declarar una moratoria en las tierras selváticas, registrar las tierras ancestrales de los batwas e incluir los derechos forestales de los pueblos indígenas en la legislación nacional.